Nuestra historia

Somos Jorge y Carol, desde hace más de 10 años nos dedicamos al diseño gráfico y últimamente nuestras prioridades han cambiado y con ello también nuestros proyectos…

Nos conocimos en 2004 compartiendo mesa en la escuela de diseño (la mesa de la cafetería claro, que siempre hemos sido gente de tupper y eso une mucho). En 2005 ya éramos inseparables y tras unas cuantas aventuras y un bodorrio de por medio aquí seguimos.

Juntos pero no revueltos crecimos profesionalmente y fuimos cogiendo experiencia en la profesión en distintos estudios y agencias. Tras unas cuantas vueltas acabamos tirando los dos del mismo carro desde un estudio en casa hasta que en 2016 llegó la revolución en forma de bebé. Gala, de Galatea –blanca como la leche–, de la mitología griega y esposa y musa de Dalí. Desde marzo de 2016 nuestra inspiración y la razón de todo esto.

Si nos estás leyendo y eres freelance seguro que ya lo estás pillando aunque si no lo eres también debes saber de sobras lo complicado que está eso de conciliar y seguir cuerdo.

Nuestra filosofía

Por todo lo anterior y mucho más, nace bochi, una tienda de productos para bebés y familias reales… Que qué es eso de reales, tan sencillo como que todas las opciones son válidas, que en una familia y en la forma de criar a tus hijos no caben dogmas ni existe el postureo, que la naturalidad y el sentido común deberían bastar y que el amor, los besos, los brazos y el calor del hogar es lo que hará que nuestros retoños sean niños tremendamente felices y nosotros con ellos.

Por qué “bochi”

Para contarte la historia del nombre tendremos que hablarte un poquito más sobre nosotros…

Tenemos un conejo blanco (sí, parecido al del logo). Cuando llegó a casa nos cabía en la palma de la mano y no sabíamos nada sobre conejos. Antes de su llegada solo habíamos cuidado unas cuantas plantas y no muy diestramente que digamos… así que esta vez teníamos que cuidar de “algo” en serio y hacerlo un poco bien.

La historia es que nos lo regalaron dentro de una chistera y sin saber muy bien cómo, acabamos llamándolo “Sombrero”. Quizá un nombre algo largo o raro para un conejo, pero oye, con Sombrero se quedó. Incluso cuando nos enteramos que no era conejo sino coneja ya era demasiado tarde para cambiarle el nombre.

Ahora vamos a hacer un cambio de tercio y os diremos que somos bastante fans de todo lo japo y después nuestro viaje a Japón todavía más. Y qué tendrá que ver ahora esto… pues que “sombrero” en japonés es “boshi”. No sabemos japonés (a esos niveles no llegamos) pero un día lo buscamos y nos hizo gracia pensar que ese sí que hubiera sido un buen nombre para un conejo. Y mira por dónde al final también tenemos un bochi (deformamos un poco la palabra porque nos gustaba más la sonoridad) y a este también lo vamos a cuidar muy bien para que de alguna manera también pueda llegar a formar parte de muchas familias reales.